Hay días en los que el cuerpo es agua

Hay días en que el dolor es río,

río que desborda ojos y cuerpo,

río que nubla la mirada y quiebra las palabras,

río que pierde su cauce y rebelde rebosa.

Hay días en que el dolor es mar,

mar que ahoga los extenuantes intentos,

mar que arrasa con los rastros del vivir,

mar que desdibuja las posibilidades en el horizonte.

Hay días en que el dolor es tempestad,

tempestad que derrumba los refugios,

tempestad que rompe los cimientos,

tempestad que en pedazos deja el cuerpo.

Hay días en que el dolor es tormenta,

tormenta que es eco de los gritos,

tormenta que irrumpe en el desierto,

tormenta que opaca la esperanza.

Hay días en que el dolor es el descontrol del río,

hay días en que el dolor es infinito como el mar,

hay días en que el dolor es la violencia de la tempestad,

hay días en que el dolor es estrépito como la tormenta.

Hay días en que el cuerpo se derrumba,

bajo el caudal del río; bajo la agitación del mar;

bajo el desequilibrio de la tempestad; bajo el grito de la tormenta…

el cuerpo cae, el cuerpo tiembla, el cuerpo llora,

en un agridulce encuentro de emociones.

Hay días en que el cuerpo es agua,

agua que del alma desborda y ahoga…

agua que, así como abruma, también salva…

que el cuerpo sea agua, que siempre fluya,

que el cuerpo sea agua, para que siempre viva.

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