25 formas de identificar el abuso

Todo lo que he compartido en Agridulce comienza con un nudo en el estómago.

Tengo tanto escrito que a veces me pregunto cuántas de esas palabras verán la luz.

Lo que he aprendido es que, aquello que se aferra a la oscuridad, a mis entrañas, que me abraza para que no lo deje salir, es lo que más debo compartir.

Tal es el caso hoy.

Hoy no es simple, no es fácil, no es poético pero es real.

Esta lista enumera algunas formas que he aprendido que sirven para identificar el abuso. De ninguna manera son una receta o las únicas maneras de identificarlo.

Son un punto de partida. Son, de hecho, el mío.

Lo comparto porque, tal vez, si yo hubiera leído esto hace 8 años, las cosas serían distintas.

Lo comparto sabiendo que no cambia mi pasado, pero esperando que me guíe en el presente.

Lo comparto para otras porque el abuso sabe bien cómo disfrazarse… pero podemos desenmascararlo.

“Este mundo está lleno de injusticias como para quedarnos calladas”.

25 formas en las que puedo identificar si hay abuso o posible abuso.

25 formas para cuestionar.

25 formas para sembrar semillas.

  1. Te otorga la responsabilidad de las acciones que toma: Te culpa de aquello que decide.
  2. Te pide que tú trabajes su dolor: Si se enoja o está triste, eres tú responsable de que esto deje de ser así.
  3. Te ha dejado hablando sola, se ha ido sin avisar: Los conflictos terminan con su huida, sin importar qué necesitas tú.
  4. Por lo general, tú eres la que busca el diálogo, la carga emocional es tuya, te ha dicho “ya sabes que eso de las emociones no se me da”.
  5. Ha tratado de controlar con quién hablas o con quién sales.
  6. Ha revisado tu celular o mensajes, te ha pedido tu ubicación o una foto de dónde estabas.
  7. Te ha pedido que hagas un reporte de tus actividades.
  8. Ha tratado de controlar cómo te vistes.
  9. Ha comentado o evaluado tu cuerpo.
  10. Ha desconfiado de ti: Te hace creer que no eres digna de confianza, que el problema eres tú.
  11. Te ha minimizado o ha dicho que exageras: Te dice que lo que sientes es demasiado.
  12. Te ha insultado.
  13. Busca ridiculizarte, exponerte, hacerte quedar mal.
  14. Ha aventado cosas, le ha pegado a la pared, ha azotado puertas.
  15. Te ha golpeado o lastimado.
  16. Cuando dices que no o pones un límite, no lo respeta, trata de traspasarlo: Insiste a pesar de que has marcado límites. Y aquí me gustaría aclarar que un “no” no es la única forma de establecer límites. Lo hacemos también cuando nos alejamos, cuando ponemos excusas, cuando no decimos que sí. “El sometimiento no es consentimiento”.
  17. Ha insistido o forzado en términos sexuales. “El sometimiento no es consentimiento”.
  18. Has sentido que todo el tiempo tienes que tratarlo con pincitas o sientes como si caminaras en un campo minado.
  19. Normalmente eres tú la que se siente culpable de todo lo que va mal en la relación.
  20. Se hace la víctima.
  21. Te sientes responsable u obligada a cuidar de otras personas: Sientes que es tu responsabilidad ayudarlo, estar ahí siempre, a pesar de lo que necesites tú.
  22. Te encajona en la perfección y exige que lo seas.
  23. Te ha seguido.
  24. Ha tratado de entrar a tu casa sin permiso.
  25. Actúa como Dr Jekyll y Mr Hyde: Puede ser encantador, amoroso, cariñoso y, en cualquier momento, puede transformarse en lo opuesto. Esta dinámica es muy útil pues entonces te convences (como forma de supervivencia) de que, sin importar cómo actúa, al final importa más lo bueno que hace.

25 formas de temblar.

25 formas de recordar el pasado, una parte del pasado.

25 formas de reconocer el abuso y tratar de evitarlo o acabar con él.

Tan sólo 25, de las muchas formas en que podemos ejemplificar algo que casi todas hemos vivido.

25 formas de mantener presente que el abuso tiene muchos rostros y no es exclusivo de una relación de pareja. Existe, de hecho, en cualquier relación: en la familia, en las amistades, en el trabajo…

Y, en esta ocasión, me abro a quien quiera añadir sus aprendizajes porque sé que esta lista es, en realidad, mucho más larga. Comparto mis 25 formas para que sean de todas, para que las desgastemos y nombremos cada una de las maneras en que hemos vivido abuso.

El abuso necesita del silencio. El abuso ya no tiene el mío.

El abuso necesita del silencio. El abuso ya no tiene el mío.

Mayo de 2020

A Pamela.

Gracias, en toda la extensión de estas siete letras.

En más de una ocasión me he sentido rota.

Rota.

Qué palabra tan pesada, que nos hace sentir tan pequeñas.

Pienso en cómo, desde siempre, escuchamos “corazón roto”.

También sé que hace un año, cuando me preguntaban, me describía como rota. De hecho, hasta hace menos de un mes, todavía lo hacía.

Escribo esto sin juicio alguno, como quien narra los hechos de algo tan suyo que le puede ser, en ocasiones, lejano.

Rota.

Repentinamente me incomoda esta palabra que por tanto tiempo me cobijó.

Era fácil decirme y saberme rota. La realidad es que sí, así me sentía.

¿Cómo se siente estar rota? Supongo que la descripción sobra, que nuestra humanidad la reconoce.

Me sentía en pedazos, recogiendo retazos, tratando de encontrarles forma y colocarlos en su lugar o, si acaso, encontrarles uno nuevo.

Como si se tratara de un rompecabezas… como si fuera un juego en el que yo siempre perdía, pues continuamente fracasaba en recomponerme.

Me imaginaba en construcción, con todo y las advertencias de la fragilidad del derrumbe.

Me río al escribir esto. Al imaginarme con letreros a mi alrededor, que se podrían leer como “Precaución”, “Frágil”, “No tocar”.

Me río porque es cierto.

Estaba y estoy en construcción.

Y para ello he tenido que deconstruirme. Rehacerme. Quizá de ahí viene mi idea de estar rota.

Ahora lo entiendo mejor.

He removido los rincones más obsoletos de mi alma.

He recorrido kilómetros de mi cuerpo, trazando zanjas, cuestionándome y cuestionando todo aquello que creía saber.

Podría decirse que los cimientos de mi cuerpo cayeron. Es evidente la idea de que, entonces, esto me haría estar en pedazos, rota.

Mi mejor amiga en más de una ocasión me dijo: Para mí no estás rota.

Mi mente, en silencio, respondía: Para mí sí lo estoy.

Me sentía rota.

Hoy entiendo que no lo estaba, no lo estoy.

¿Es mi cuerpo acaso una vasija de cristal que puede romperse?

¿Es mi alma entonces un recipiente más que, así como se llena, puede vaciarse?

¿Es mi corazón un instrumento que puede descomponerse y desafinarse?

La respuesta es no. Siempre no.

El dolor crea esta ilusión de ruptura, de fragilidad y de ineptitud. Lo he dicho antes.

Sentirme rota, como espejismo, al recorrer un desierto que parecería no tener fin.

Recorrer ese mismo desierto que podría separarse en dos:

  1. Doler, sentir tristeza, enojo, impotencia… como repudio ante mi misma.
  2. Doler, sentir tristeza, enojo, impotencia… como respuesta a lo importante que es para mí amar, perdonar, reconocerme, valorar, actuar.

Escribo estas líneas para que, en un futuro, en caso de dudarlo… tenga un recordatorio de que no estoy rota, que no podría estarlo.

¿Qué significa estar rota?

¿Podría entonces hablar de estar completa?

¿Qué significaría estar completa?

¿Doler me hace estar incompleta, rota?

Observo el camino que he recorrido. Me gusta saber que, si lo he logrado antes, podré hacerlo de nuevo.

Hoy sé que no estoy rota y que nunca podría estarlo.

Que quede registro en estas líneas, por si un día nuevamente necesito esta certeza.

Abril de 2020

Resiste.

Ríndete.

Resiste.

Ríndete.

Es el vaivén de mi mente, de mi cuerpo.

Es mi caos interno luchando contra sí mismo.

Resiste, el dolor puede ser un acto de denuncia.

Ríndete, la tristeza sólo se evapora, si la dejas ser.

Llega la ola.

Me tumba.

Alzo la mirada.

Recupero las fuerzas.

Me pongo de pie, en espera de la siguiente ola.

Resiste.

Levántate.

Ríndete.

Cae.

Y mi cuerpo se resiste a ser vencido por el dolor, sin embargo, esa misma resistencia puede convertirse en guerra.

Está mal sentir tristeza.

¿Por qué estarías triste?

¿Ya intentaste hacer…?

Deja de hacer…

Haz algo para sentirte bien.

Es tu debilidad…

¿Otra vez aquí?

Y mi cuerpo se resiste.

Mi mente lucha por su vida.

Se levanta, tras cada ola.

A pesar de que perdió sus fuerzas.

Resistir ya es vivir.

Sí.

En ocasiones, resistir es vivir; en otras, sobrevivir.

Rendirse, en cambio, pareciera asemejarse a perder.

Rendirse también puede ser recibir, aceptar y sentir.

Notar la marea subiendo, saber que es imposible huir o incluso resistir.

Bajar las defensas, pero no la guardia.

Dejar que el agua golpee el cuerpo, que incluso lo tumbe.

Sentir las olas recorriendo el alma.

Dejar de nadar, dejar de remar para dedicarse a sentir.

A flotar en el mar que es caos.

Recibir la tormenta y rendirse ante la tristeza, es otro acto de resistencia.