Sin remitente

Escrito por Andrea Tafoya

De los secretos que han surgido en cuarentena, descubrí una carta, escrita hace dos años, para nunca entregarla a su destinatario: un gitano.

Un ser que, de repente, me hizo descubrir que en la vida existe Dios y existen dioses, esos seres mortales que parecen inmortales, cuyos recuerdos se vuelven perpetuos aunque su presencia a veces no llega ni a una primavera. Un dios esporádico que me cambió la vida y que hoy merece salir para borrarse de los recuerdos del mundo.

“Qué bendición” decía la nota. “Qué bendición que los peces pueden cantar bajo el agua, sin que los mortales entiendan de qué hablan, sin que los animales de tierra y fuego sepan de qué hablan; qué hermoso que puedan cantarle a la vida guardando celosos sus sentimientos y dejando a la imaginación de los Dioses sus cantos, para que ellos adivinen de qué hablan y, que las gaviotas se vuelvan locas intentando descubrir si alguna de esas melodías se trataba de ellas.”.

Y no será como la venganza de Cardenal, del famoso poema que llegará a tus manos sin saber que fue escrito para ti, pero será un recuerdo que se quede para siempre en el viento por si algún día vuelve a recorrer tu cuerpo.

Andrea Tafoya

Imagen de Andrea Tafoya
Entramado femenino

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