El pasado no es tan malo

*La autora ha decidido permanecer anónima.

¿Lo más difícil? Empezar, sin duda alguna. Empezar a escribir, empezar a enfrentar, empezar a contar, empezar a aceptar. Aceptar que aquello que pasó, te hace ser lo que eres actualmente y te lleva, de una manera u otra, a identificarte en tu futuro. Pero no siempre significa que tu pasado te atormente, al contrario, tu pasado te ayuda a enfrentar nuevas situaciones, nuevas cosas, nuevos retos; te enseña aquello que no quieres ser, o no quieres repetir, pero también, aquello que quisieras mantener. El pasado no es tan malo.

Yo aprendí de mi pasado. Como todos, también cometí errores. Pero agradezco que haya sido así. Sin mi pasado, no hubiera abierto los ojos. Sin mi pasado, no hubiera sufrido lo suficiente para sentirme bien conmigo misma. Sin mi pasado, seguiría escondida en un agujero negro. Mi pasado me ayudó a ser lo que soy y a estar en donde estoy ahora, y me siento orgullosa de eso.

Hace unos años estuve en una relación en la cual nunca me sentí atrapada. Nunca sentí ese miedo. Nunca tuve, ni siquiera, la idea de salir de ahí, porque realmente no lo necesitaba, vivía en mi cuento de hadas, ¿qué más podía pedir? Era una relación que muchos consideraban perfecta, incluso yo, porque mentiría si digo que no era así. Sí, era una relación en la que ya me veía para siempre, incluso había pláticas, existían planes sobre el tema. Muchas veces decimos para siempre, porque realmente así lo sentimos, te sientes bien, tranquila, te sientes apoyada en todo momento, porque estás con alguien que te eligió y se quedó, a pesar de tus defectos. Pero de pronto todo cambia, y te vas dando cuenta de la realidad.

Qué difícil es aceptar que alguien que te quiere tanto, puede hacerte tanto daño. Si me preguntan, qué es lo que más me duele, raramente contestaría que no es el abuso, o bueno sí; sin embargo, no el abuso que todos se imaginan, aunque no puedo negar que existió.

Existió esa noche donde me di cuenta de muchas cosas; me di cuenta que muchos ven la parte sexual como un requisito de pareja. Esa misma noche en la que me dijo “la idea es que entre”, palabras que ayudaron a darme cuenta que mi “placer”, no importaba. Aún más importante,fueron palabras que me hicieron caer, que me hicieron pensar, me hicieron sentir mínima. Esa noche me di cuenta que no estaba en donde quería estar.

El abuso que más me duele es el que existió después de tomar quizá la decisión más difícil, o ¿no la tomé yo? Inconscientemente lo hice. Hice todo para evitar ser yo quien tomara esa decisión. Porque mis errores me llevaron a abrir mi panorama aún más, a darme cuenta que existe gente buena, gente que se preocupa, que te quiere y te valora. Pero sobre todo, gente que, a pesar de todo, estará contigo y no le importará tu pasado, al contrario, se sentirán orgullosos de ti por estar donde estás, a pesar de él; orgullosos de verte feliz, y con una sonrisa sincera.

No voy a decir que fue su culpa, pero sí. Fue su culpa que me sintiera responsable de todo, cuando no fue así; fuimos los dos. Fue su culpa que cambiara. Fue su culpa que haya dejado de sentirme apoyada. Fue su culpa que tuviera miedo de contarle las cosas, porque sabía cómo terminaría todo. Fue él quien me hizo sentir así. Porque nunca pensé que alguien tan importante para mí, se encargara de meterle ideas a mis amigos sobre mí, y peor aún, a mi familia, porque estando con ellos, me sentía incómoda, había miradas, preguntas y juicios sobre la decisión que tomé; y todo gracias a lo que les dijo.

Siempre me pareció incongruente que se quejara de que cambié, cuando él cambió hasta de religión. Me parecía incongruente que se enojara porque en su cumpleaños sólo le marqué, cuando acabábamos de estar una semana juntos; y en mi cumpleaños yo fui quien le marcó y en lugar de felicitarme, decidió pelear. Me parecía incongruente que me pidiera que guardara todos sus secretos, y fuera él quien se encargara de publicar los míos. Pero he aprendido de todo eso.

Cambié, eso nunca lo voy a negar, pero lo hice porque dejó de estar para mí, de apoyarme, de protegerme. Viví una experiencia que me hizo valorar y descubrir todo lo que está a mi alrededor, que no niego que también me hizo cambiar. Pero, durante el tiempo que estuve lejos, comenzó a crear una mayor dependencia entre nosotros, ni siquiera disfrutaba la compañía de sus amigos; “estuve sólo, nadie me hacía caso”, “mejor me subí porque ya estaba aburrido”, “a la próxima, mejor no vengo”. Compañía que extraño. Y meses después, me doy cuenta que esa dependencia era una señal de lo que venía.

Y se lo agradezco, porque sin todo lo que pasó, no me hubiera dado cuenta de que las cosas pasan por algo. No habría abierto los ojos para darme cuenta que ese lugar en el que estaba, no era donde realmente quería estar. Me ayudó a aprender, me ayudó a valorarme, me ayudó a saber qué es lo que busco, qué es lo que quiero. Me ayudó a aprender a ser yo misma, y no dar explicaciones por ser así. Me ayudó a sentirme libre y volar hasta lo más alto, para caer a mi manera y aprender de la caída. Pero más importante, me ayudó agradecer que tengo muchas personas maravillosas que están conmigo, porque gracias a ellos, he llegado aún más lejos.

Así que, sólo puedo decir: gracias.

Sin ti, seguiría en ese lugar al que no pienso regresar.

Imagen sin derechos de autor

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