Marzo de 2020

Enciendo una vela. Me parece curioso pensar que llevo años guardando estas velas y que, aun así, todas permanecen intactas. Nunca las había encendido. Pero repentinamente eso cambia. Apago las luces. Frente a mí tengo tres velas encendidas, por ahora. Siento el fuego creciendo en mi pecho. Ese fuego que he decidido asociar con mis amigas. Mis amigas son una hoguera.

18 de marzo

Ese día desperté confundida. Había soñado contigo –cuando nunca lo hacía–. Soñé que nos topábamos por accidente y que yo temblaba, tal y como ocurría, horas después, al estar frente a ti. Pensé que había sido una pesadilla, en realidad fue un presagio. Tenía miedo. Miedo de mí, no de ti, miedo de no ser capaz de poner distancia entre tú y yo.

Febrero de 2020

Si un día no regreso, quémenlo todo. Hoy lo creo y lo siento, pero hubo un tiempo en el que no fue así. Cuando estuve en una relación abusiva sentía que no valía nada. ¿Cómo creer entonces que vale la pena quemar el mundo por alguna de nosotras? Así. Quemándolo. Quemémoslo todo. ¿Qué ganamos con esto? Ruido. Incomodidad. Fuerza.