In memóriam

A Isabel Villanueva, mi abuelita,

-ita, con ese diminutivo que, para ella,

denotaba cariño.

Siempre me han comparado

contigo,

con tu belleza,

con tu figura.

Nunca percibo el parecido,

no lo encuentro

por más que busco

en el espejo.

¿Será porque te fuiste?

¿Porque tu cama quedó vacía?

En el estante, las flores,

marchitas con tu partida.

¿Será porque te pensé eterna?

Asumí que permanecerías,

hoy, la inevitable tristeza,

como inevitable tu despedida.

Te fuiste,

como quien elige dormir,

cerraste los ojos,

y sueño con tu partir.

¿Cuál fue tu último aliento?

¿Qué sentiste al morir?

¿Miedo, alegría, libertad…

calma, tristeza… paz?

Me pregunto

si esa noche

por eso no pude dormir.

¿Habrá algo en nuestro parecido

que me hizo sentir tu morir?

Vueltas en la cama,

pausas en la noche,

tu ausencia en la mañana,

tristeza para compartir.

La compartimos sin ti,

la compartimos de lejos,

te lloramos a gritos,

nos aferramos a los recuerdos.

Tiemblo,

lloro,

todo mientras te pienso.

Digo tu nombre,

como si fuera

un presente eterno.

Pauso.

Respiro.

Recuerdo.

Ahora es pasado,

-aba, -ía, -ó.

Ya no.

Ya no.

Retrato realizado por Jaque Jours: https://es.jaquejours.com/

Huir y volver

Escrito por Itzel Ramírez

Me desgarraba el alma, mi mente repetía infinitamente el momento, recordaba todo, recordaba el miedo, mi cuerpo inquieto, deseoso de salir corriendo, de no estar ahí, de que fuera un sueño.

Se había ido pero yo seguía aquí,
se esfumaba en el tiempo, pero no dejaba de existir,
se convertía en pasado, aunque no para mí.

Y mi cuerpo congelado, mi mente deseosa de que eso no fuese lo último que pudiera mirar o percibir. No quería perderte, ni perderme, no quería esa culpa, ese resueno, ese correr para llegar sin poderte alcanzar.

El dolor y yo estábamos a solas,
la confrontación de una buena vez.
El detonante preciso lo traería ahora,
era su momento para volver.

Me sentía atrapada en un ciclo infinito de tiempo, del que no podía escapar, ni en sueños. Recordaba la hora, las decisiones, los errores y las opciones. En todas las versiones, huir era mi opción, escaparme en silencio o salir corriendo… Pero no me fui, me quedé aquí…

El pasado tocaba a mi puerta,
todo listo una y otra vez,
una voz me ahogaba a solas,
yo... inquieta por retroceder.

Entonces despertaba agotada, deshecha, desolada. Y no había nada que pudiera decirme a mi misma que me alentara. Nada que me diera esperanza, nada que me liberara de aquello. Ni una palabra de aliento, ni una sonrisa, ni nada.

Yo continué aquí, 
sin estar convencida de estar,
sin fuerzas para continuar,
sólo me mantuve aquí,
en el despertar después del caos,
en la oscuridad, 
escribiendo para liberar.

Ahí en la habitación, el miedo se apoderaba de mí, el recuerdo de mi cuerpo inquieto llorando junto a ti. Otras veces la rabia habitaba aquí, un deseo intenso de que no hubiera resultado así. La desesperanza inundaba todos mis pensamientos, pensaba que nada sería igual, que me encontraba sola y nada podía cambiar.

No podría enumerar todos los daños
pero recién podía observar las ruinas de aquel final,
los corazones desquebrajados,
las evidencias de que sí es real...
como las huellas que testifican el paso de un huracán.

Cada cicatriz cubierta está, cada dolor envuelto está, ahora se divide por colores y me pide a gritos estar.

Yo seguía aquí, todo el día lo repetía,
pensando en huir, en dejar de sentir...
en fugarme de mí, en aceptar la despedida,
en remediar lo que seguía,
en sentirme mejor algún día.

Este pensamiento me acompañó las siguientes horas, la sensación de huida invadió cada poro de mi piel, cada recuento de los hechos, aceleraba mi razón de ser. Mientras transcurrían los minutos, ningún recuerdo antes había sido tan poderoso, cada detalle, cada sensación me transportaba al suceso. Y yo lo dejé ser, lo abracé a mi piel y lloré junto a él.

Me encontraba lejos, había que huir.
Resguardar mis sentimientos, protegerlos de mí.
Me encontraba lejos, había decidido también huir.
Resguardar mis sentimientos, protegerlos de ti.
Pero había llegado el momento de volver aquí,
de decirme en silencio "todo ha llegado hasta aquí"
con el corazón más fuerte
estaba lista para seguir...
Imagen de Itzel Ramírez