18 de enero de 2018

Podría hablar del primer recuerdo que tengo del abuso que he vivido. Podría también hablar de una relación abusiva en la que estuve por cinco años, esa que me dejó marcada, que me dejó cicatrices que aún no logro sanar. Una relación que me lastimó más de lo que las palabras en este escrito o en cualquiera, pueden sanar. Un abuso más allá de lo que puedo describir o explicar.

Sin embargo, quiero hablar del 18 de enero de 2018. ¿Por qué esa fecha? Porque siento que es donde necesito empezar. Porque es una fecha de la que no he hablado más que con un par de personas. He hablado particularmente del evento, pero no de cómo afectó mi relación o, mejor dicho, cómo me afectó a mí al haber vivido todo eso mientras estaba en esa relación.

Un evento que, en su momento, comenté con niñas de 14 años, porque eran las personas que me daban seguridad. No podía recurrir a mis amigos… la verdad, no es que no pudiera, es que no sabía cómo abrirme con ellos, sentía que si lo hablaba con niñas de 14 años dejaría de ser real, como si entonces ese día nunca hubiera ocurrido. El hablar con mis amigos hubiera significado reconocer que sí pasó.

Hoy me siento lista para decirlo, para compartirlo con mis amigos, para compartirlo con ustedes, para compartirlo con todos aquellos que quieran leerme. Pero, más importante aún, me siento lista para compartirlo conmigo misma.

18 de enero de 2018

Empezó como cualquier otro. Me desperté, me arreglé, me preparé y me fui a trabajar. Amaba mi trabajo, entonces iba con la emoción de siempre.

Al principio todo estaba bien.

Mi día aparentaba ser como cualquier otro.

Alrededor del medio día, comencé a sentir el dolor más profundo que una mujer puede sentir. Si me lo preguntan, habría preferido vivir nuevamente todo el abuso a tener que soportar ese dolor.

Ya en el hospital, todo fue muy rápido. Yo no entendía lo que estaba pasando. No entendía porqué estaba en una camilla, porqué tanta prisa… sólo me sentía mareada -a causa del dolor, y a causa de las medicinas que me estaban administrando por vía intravenosa-. Recuerdo que sólo escuchaba voces, pero no entendía su significado, no entendía qué decían.

Dormí.

Desperté.

Dormí.

Desperté.

Mi doctora estaba ahí.

Lloré.

–Estabas embarazada.

–Perdiste al bebé. – Siguió diciendo.

¿Qué dijo después? No sé.

¿Dónde estaba él?

–Trabajando. – Contestó la doctora.

18 de enero de 2018… el día que me enteré que estaba embarazada.

18 de enero de 2018… el día que tuve un aborto.

18 de enero de 2018… el día que él decidió que el trabajo era más importante que su esposa, que el hijo que había perdido.

18 de enero de 2018… el día que el mundo se desmoronó ante mis ojos confundidos.

¿Qué pasó después del 18 de enero de 2018?

Aquí es donde la otra historia comienza.

Después del legrado, hay un periodo de abstinencia. Daba gracias a Dios. Un periodo en el que no tendría sexo por obligación. Un periodo en el que podría descansar. Un periodo en el que no tendría que irme a dormir llorando por haber tenido relaciones que no quería tener.

Sí, el 18 de enero de 2018 fue duro, pero lo que siguió fue un respiro.

Logré respirar.

Logré escaparme, por un tiempo, del abuso.

Logré dormir.

¿Qué ocurrió con él durante este tiempo?

Nada.

No estaba.

No me apoyaba.

No hablábamos.

No me preguntaba cómo seguía.

No me preguntaba qué necesitaba.

Él seguía trabajando. 

Un día me hizo una pregunta: ¿Cuándo vamos a poder volver a tener sexo? Lo extraño.

Eso fue lo único que quiso decirme tras todo lo vivido.

Una y otra vez.

Todas las noches.

Por dos meses.

Hasta que el periodo de abstinencia acabó (o, más bien, cuando yo lo di por terminado, pues médicamente podría haber sido antes).

Llegó marzo.

Regresó el sexo.

Regresó el abuso, aunque: ¿Alguna vez se fue?

Regresaron las lágrimas.

Y con marzo frente a mí, en retrospectiva, el 18 de enero de 2018 no se veía tan mal.

Sí, sí prefería el dolor del 18 de enero de 2018.

¿Quién lo diría?

Sufrir un aborto era menos doloroso que ser ignorada.

Sufrir un aborto era menos doloroso que la negligencia.

Sufrir un aborto era menos doloroso que la eterna pregunta “¿Cuándo vamos a tener sexo?”

Sufrir un aborto era, definitivamente, menos doloroso que tener sexo sin sentido. Sexo vacío. Sexo impuesto.

Continuará…

C*

*La autora ha decidido permanecer anónima.

25 formas de identificar el abuso

Todo lo que he compartido en Agridulce comienza con un nudo en el estómago.

Tengo tanto escrito que a veces me pregunto cuántas de esas palabras verán la luz.

Lo que he aprendido es que, aquello que se aferra a la oscuridad, a mis entrañas, que me abraza para que no lo deje salir, es lo que más debo compartir.

Tal es el caso hoy.

Hoy no es simple, no es fácil, no es poético pero es real.

Esta lista enumera algunas formas que he aprendido que sirven para identificar el abuso. De ninguna manera son una receta o las únicas maneras de identificarlo.

Son un punto de partida. Son, de hecho, el mío.

Lo comparto porque, tal vez, si yo hubiera leído esto hace 8 años, las cosas serían distintas.

Lo comparto sabiendo que no cambia mi pasado, pero esperando que me guíe en el presente.

Lo comparto para otras porque el abuso sabe bien cómo disfrazarse… pero podemos desenmascararlo.

“Este mundo está lleno de injusticias como para quedarnos calladas”.

25 formas en las que puedo identificar si hay abuso o posible abuso.

25 formas para cuestionar.

25 formas para sembrar semillas.

  1. Te otorga la responsabilidad de las acciones que toma: Te culpa de aquello que decide.
  2. Te pide que tú trabajes su dolor: Si se enoja o está triste, eres tú responsable de que esto deje de ser así.
  3. Te ha dejado hablando sola, se ha ido sin avisar: Los conflictos terminan con su huida, sin importar qué necesitas tú.
  4. Por lo general, tú eres la que busca el diálogo, la carga emocional es tuya, te ha dicho “ya sabes que eso de las emociones no se me da”.
  5. Ha tratado de controlar con quién hablas o con quién sales.
  6. Ha revisado tu celular o mensajes, te ha pedido tu ubicación o una foto de dónde estabas.
  7. Te ha pedido que hagas un reporte de tus actividades.
  8. Ha tratado de controlar cómo te vistes.
  9. Ha comentado o evaluado tu cuerpo.
  10. Ha desconfiado de ti: Te hace creer que no eres digna de confianza, que el problema eres tú.
  11. Te ha minimizado o ha dicho que exageras: Te dice que lo que sientes es demasiado.
  12. Te ha insultado.
  13. Busca ridiculizarte, exponerte, hacerte quedar mal.
  14. Ha aventado cosas, le ha pegado a la pared, ha azotado puertas.
  15. Te ha golpeado o lastimado.
  16. Cuando dices que no o pones un límite, no lo respeta, trata de traspasarlo: Insiste a pesar de que has marcado límites. Y aquí me gustaría aclarar que un “no” no es la única forma de establecer límites. Lo hacemos también cuando nos alejamos, cuando ponemos excusas, cuando no decimos que sí. “El sometimiento no es consentimiento”.
  17. Ha insistido o forzado en términos sexuales. “El sometimiento no es consentimiento”.
  18. Has sentido que todo el tiempo tienes que tratarlo con pincitas o sientes como si caminaras en un campo minado.
  19. Normalmente eres tú la que se siente culpable de todo lo que va mal en la relación.
  20. Se hace la víctima.
  21. Te sientes responsable u obligada a cuidar de otras personas: Sientes que es tu responsabilidad ayudarlo, estar ahí siempre, a pesar de lo que necesites tú.
  22. Te encajona en la perfección y exige que lo seas.
  23. Te ha seguido.
  24. Ha tratado de entrar a tu casa sin permiso.
  25. Actúa como Dr Jekyll y Mr Hyde: Puede ser encantador, amoroso, cariñoso y, en cualquier momento, puede transformarse en lo opuesto. Esta dinámica es muy útil pues entonces te convences (como forma de supervivencia) de que, sin importar cómo actúa, al final importa más lo bueno que hace.

25 formas de temblar.

25 formas de recordar el pasado, una parte del pasado.

25 formas de reconocer el abuso y tratar de evitarlo o acabar con él.

Tan sólo 25, de las muchas formas en que podemos ejemplificar algo que casi todas hemos vivido.

25 formas de mantener presente que el abuso tiene muchos rostros y no es exclusivo de una relación de pareja. Existe, de hecho, en cualquier relación: en la familia, en las amistades, en el trabajo…

Y, en esta ocasión, me abro a quien quiera añadir sus aprendizajes porque sé que esta lista es, en realidad, mucho más larga. Comparto mis 25 formas para que sean de todas, para que las desgastemos y nombremos cada una de las maneras en que hemos vivido abuso.

El abuso necesita del silencio. El abuso ya no tiene el mío.

El abuso necesita del silencio. El abuso ya no tiene el mío.